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Guía
Artículo publicado el 18 de marzo de 2026. Tiempo de lectura: 10 min
El matcha japonés es hoy en día uno de los ingredientes más buscados en cafeterías, pastelerías y rutinas de bienestar. Su intenso color verde llama la atención, su sabor fascina y sus beneficios seducen cada vez a más gente. Sin embargo, detrás de esta popularidad se esconde un producto agrícola de gran complejidad, fruto de un exigente saber hacer que se ha transmitido desde hace más de 800 años.
Esta guía completa sobre el matcha responde a todas tus preguntas: qué es realmente, su historia, cómo se cultiva y se procesa, sus beneficios para la salud y, sobre todo, cómo elegir y preparar bien el matcha para sacarle el máximo partido.
Elaborada por el equipo de Milia Matcha, una marca francesa especializada en matcha japonés de alta gama, esta guía tiene un único objetivo: ofrecerte todas las claves para comprender, elegir y preparar tu matcha con total conocimiento de causa.
La palabra «matcha» (抹茶) proviene del japonés: «ma» (抹) significa «molido» y «cha» (茶) significa «té». Literalmente: un té verde reducido a un polvo muy fino, obtenido a partir de hojas cultivadas siguiendo un protocolo preciso y molidas lentamente entre muelas de granito.
El matcha se distingue de los demás tés, sobre todo, por la forma en que se consume. A diferencia del té verde clásico, que se prepara en infusión, el matcha se mezcla directamente con agua y se bebe tal cual. De este modo, se consume la hoja entera, y no solo su infusión. Esta diferencia puede parecer sutil, pero tiene un impacto considerable en la concentración de compuestos bioactivos. De hecho, tal y como han destacado Joanna Kochman y su equipo en la revista científica *Molecules* (2020), el consumo de la hoja entera permite absorber muchas más catequinas, L-teanina y antioxidantes que la infusión por sí sola.
Más allá de ofrecer una forma de consumir el té diferente a la que estamos acostumbrados, es precisamente esta particularidad la que explica la textura característica del matcha, su intensidad aromática y su riqueza en compuestos bioactivos.
Antes de ser molida, la hoja destinada al matcha recibe otro nombre: tencha. Se trata de una etapa poco conocida y, sin embargo, fundamental para comprender qué diferencia a un auténtico matcha de un simple polvo de té verde.
Para convertirse en tencha, la hoja se cultiva a la sombra, se recolectan selectivamente los brotes jóvenes, se somete a un cocido rápido al vapor para detener la oxidación, se seca y, a continuación, se retiran minuciosamente los tallos y las nervaduras. Solo en esta fase, y únicamente tras ser molida entre las muelas, el tencha se convierte en matcha.
Muchos de los polvos que se venden en todo el mundo bajo la etiqueta «matcha» no proceden del tencha. Se trata simplemente de hojas de té verde corrientes molidas mecánicamente hasta convertirlas en polvo: de color apagado, textura gruesa y sabor amargo. Para reconocer un auténtico matcha, lo primero es saber qué es el tencha.
El matcha se elabora a partir de la Camellia sinensis, la planta del té. Sin embargo, dentro de esta especie, son los cultivares —variedades seleccionadas y cultivadas con esmero— los que determinan la calidad, el color y el perfil aromático del matcha.
Las tres variedades principales que se utilizan para el matcha son:
La historia del matcha comienza en China, entre los siglos VII y XIII. Durante las dinastías Tang y, posteriormente, Song, los chinos elaboraban un té comprimido en forma de tortas, que se molía hasta convertirlo en polvo y luego se batía con agua caliente: este es el antecesor directo del matcha. En el siglo XII, el monje budista Eisai llevó esta práctica a Japón, donde se arraigó profundamente en la cultura y se convirtió en la base de la ceremonia del té, el chanoyu.
En 1391, un acontecimiento decisivo cambió el curso de la historia del té. El emperador Hongwu, de la dinastía Ming, prohibió el té en polvo y en pastillas en todo el territorio chino, al considerarlo demasiado elitista. China abandonó entonces el cocido al vapor para pasar al tostado en sartén, dando lugar a los tés que conocemos hoy en día: el Longjing, el Oolong, el té blanco…
El saber hacer sobre el té en polvo está desapareciendo de China en el espacio de una generación.
Japón, por su parte, sigue por el mismo camino. Indiferente a ese decreto imperial, mantiene el método de preparación al vapor, perfecciona su cultura del té a lo largo de los siglos y protege un arte que el resto del mundo ha abandonado. Por eso, hoy en día, el matcha es una especialidad exclusivamente japonesa. No porque Japón lo haya inventado, sino porque es el único que lo ha conservado.
El matcha no es simplemente té verde en polvo. Es una tradición con más de 800 años de antigüedad, que Japón es el único país del mundo que ha conservado, y es precisamente esta singularidad histórica lo que lo convierte en algo único e insustituible.
Entender el proceso de elaboración del matcha es comprender por qué su calidad puede variar y por qué un matcha de alta gama justifica su precio.
Aproximadamente entre tres y cuatro semanas antes de la cosecha, los arbustos de té se cubren con redes o lonas para protegerlos de la luz directa. Esta etapa,el sombreado, es una de las más decisivas de todo el proceso de producción.
Al privar a las hojas de luz, se desencadena una serie de reacciones naturales: la planta aumenta su producción de clorofila (de ahí el intenso color verde), ralentiza su crecimiento, desarrolla un sabor suave en detrimento del amargo y, por último, concentra la L-teanina. El cultivo a la sombra provoca un mecanismo bioquímico que limita la conversión de la L-teanina en catequinas, lo que da lugar a una acumulación significativa de este compuesto en la hoja final, tal y como demostraron Joanna Kochman y sus colaboradores en un artículo publicado en 2020. Gracias a esta técnica, el matcha desarrolla su textura suave y su sabor característico, al tiempo que ofrece un perfil rico en L-teanina, beneficioso para la relajación y la concentración.
Es habitual leer que el matcha de primera calidad se recolecta a mano. Es una imagen atractiva, pero la realidad es más matizada: hoy en día, las cosechas están casi exclusivamente mecanizadas, incluso en el caso del matcha de alta gama. La recolección manual requiere una mano de obra muy experimentada y numerosa, lo que la hace escasa y muy costosa. Estos matcha excepcionales, recolectados a mano, se quedan en Japón y se reservan para las ceremonias tradicionales del té.
Lo que realmente distingue a un matcha de primera calidad no es el método de recolección, sino más bien la fase de recolección, la variedad, la fertilidad del suelo, la duración del sombreado y el cuidado que se dedica a cada etapa de la producción a lo largo de todo el año. La primera cosecha (ichibancha, de finales de abril a mayo) proporciona las hojas más ricas en aminoácidos, con el sabor más suave y refinado; es la única cosecha que da lugar a un matcha de ceremonia. Las cosechas siguientes producen un matcha de calidad intermedia y, posteriormente, un matcha culinario más amargo, adecuado para la repostería.
Algunos matcha que se comercializan con la denominación «Ceremonia», que se supone que corresponde a la primera cosecha, proceden en realidad de la segunda o incluso de la tercera cosecha, ya que estas hojas son más baratas. Esto demuestra hasta qué punto el origen y la categoría de la cosecha influyen en el sabor y la calidad del matcha.
Tras la cosecha, el proceso de transformación sigue una secuencia precisa. Las hojas se clasifican y, a continuación, se someten a vapor a 100 °C para detener la oxidación y fijar el color verde. Posteriormente, se secan y se les retiran los tallos y las nervaduras para conservar únicamente la parte más fina y tierna. En esta fase, la hoja se ha convertido en tencha y puede almacenarse al vacío durante varios años antes de ser molida. Por último, para garantizar la calidad del matcha, el tencha debe conservarse al menos entre 4 y 6 meses antes de ser molido. Por lo tanto, la promoción de un «matcha nuevo» a partir de abril o mayo no es una garantía fiable de calidad.
La molienda es la etapa final y la más delicada: el tencha se muele lentamente entre dos muelas de granito, una operación que requiere aproximadamente una hora para producir tan solo 30 gramos de polvo. Esta molienda lenta es esencial: evita el calentamiento que podría alterar los aromas y produce un polvo de una finura extrema. Es en ese preciso instante cuando el tencha se convierte en matcha.
Fuentes: Kochman et al. (2021), Toniolo et al. (2025), White et al. (2025)
Un matcha puede procesarse en Japón, pero estar elaborado con hojas cultivadas en China o en cualquier otro lugar. En ese caso, puede comercializarse legalmente como «matcha japonés», sin que por ello proceda de la agricultura japonesa.
Un matcha auténticamente japonés implica que todas las etapas, desde el cultivo hasta la molienda, se lleven a cabo en Japón. Por eso, a la hora de elegir tu matcha, es fundamental asegurarte de que todas estas etapas se realicen en el mismo lugar, en Japón.
Dado que se consume la hoja entera, el matcha concentra compuestos bioactivos en niveles muy superiores a los de un té infusionado convencional. Hay tres beneficios que están especialmente documentados.
El matcha contiene tanto cafeína como L-teanina. La cafeína proporciona estimulación, mientras que la L-teanina suaviza sus efectos y favorece un estado de alerta tranquila. La sinergia entre la cafeína y la L-teanina presentes en el matcha ha sido documentada en una revisión crítica realizada por Sokary y sus colaboradores, publicada en 2022 en Current Research in Food Science: esta combinación produce un efecto estimulante más estable y duradero que la cafeína sola, sin los picos de nerviosismo asociados al café.
El matcha es especialmente rico en catequinas, sobre todoen EGCG (galato de epigalocatequina), uno de los antioxidantes más potentes que se conocen. Su concentración es significativamente superior a la del té verde infusionado, ya que se consume la hoja entera. Estos compuestos ayudan a proteger las células contra el estrés oxidativo y a reforzar las defensas naturales del organismo.
Según el estudio de Rovaldi y sus colaboradores (International Journal of Molecular Sciences, 2025), el EGCG neutraliza los radicales libres responsables del envejecimiento cutáneo: las arrugas, la pérdida de elasticidad, la tez apagada y las manchas son signos que estas moléculas aceleran con el paso del tiempo.
Investigaciones recientes también demuestran que las catequinas ayudan a reducir la producción de sebo y a mejorar la elasticidad de la piel cuando se aplican de forma regular (Zheng, Antioxidants, 2024). Estas mismas moléculas presentan efectos prometedores contra el acné, la psoriasis o incluso las irritaciones cutáneas, según Rovaldi (International Journal of Molecular Sciences, 2025).
El mercado del matcha ha crecido considerablemente en los últimos años y, con él, la confusión. A continuación te presentamos los cinco criterios que te permitirán distinguir un matcha de calidad de un producto corriente.
El color es la primera señal: un matcha de calidad tiene un verde vivo y brillante. Un tono apagado, caqui o amarillento delata una calidad mediocre, una cosecha tardía o un producto oxidado.
El origen es fundamental: comprueba que el matcha se haya producido al 100 % en Japón, desde el cultivo hasta la molienda. Con el auge de este mercado, cada vez es más frecuente encontrar matcha procesado en Japón con hojas cultivadas en otros lugares, pero esta práctica, aunque legal, da lugar a un producto menos auténtico y de menor calidad.
La cosecha: un matcha de primera calidad procede obligatoriamente de la primera cosecha (ichibancha), a finales de abril y mayo. De hecho, la concentración de L-teanina no es uniforme según el grado. Disminuye progresivamente desde la primera cosecha ceremonial hasta el grado alimentario, a medida que las hojas envejecen. Esta relación directa entre la madurez de la hoja y su perfil químico se ha documentado y cuantificado con precisión en matcha cultivado en la región de Uji. Toniolo y sus colaboradores utilizaron la espectroscopia de RMN para analizar las hojas en diferentes etapas de desarrollo, demostrando cómo la concentración de catequinas, L-teanina y otros compuestos clave evoluciona con el crecimiento de la planta (A comparative multianalytical approach to the characterization of different grades of matcha tea, 2025). Estos resultados científicos confirman que la selección de hojas jóvenes no es solo una tradición: es esencial para obtener un matcha rico en sabores y nutrientes.
La variedad: indicar la variedad utilizada (Okumidori, Saemidori, Yabukita) es una muestra de seriedad y trazabilidad. Además, un matcha de mezcla única, es decir, procedente de una sola variedad sin mezclas, garantiza una trazabilidad óptima y una calidad más homogénea.
Los análisis y la trazabilidad: la certificación ecológica es costosa y difícil de obtener para las pequeñas explotaciones artesanales japonesas. Los análisis independientes publicados por el productor, como las certificaciones de Eurofins, suelen ofrecer garantías más fiables que las simples menciones de «ecológico».
Para profundizar en el tema
La etiqueta ecológica en el matcha: ¿qué significa realmente?
Preparar el matcha es sencillo, pero hay algunas reglas básicas que marcan la diferencia.
Necesitarás aproximadamente entre 1 y 1,5 g de matcha (una cucharadita rasa), 70-80 ml de agua a 70-80 °C, un cuenco o una taza grande y, a ser posible, un batidor de bambú (chasen) y un colador fino.
Empieza tamizando el matcha directamente en el cuenco; así se evitan los grumos y se garantiza una textura suave. A continuación, vierte el agua a 70–80 °C. Nunca utilices agua hirviendo: a más de 80 °C, el matcha adquiere un amargor pronunciado y algunos compuestos aromáticos se degradan. Por último, bate con movimientos rápidos en forma de «W» durante 20 a 30 segundos, hasta obtener una espuma fina y homogénea en la superficie. Tómalo inmediatamente.
Prepara el matcha con solo 30-40 ml de agua y, a continuación, añade leche caliente o fría, según prefieras. La leche de avena y la leche de avellana combinan especialmente bien con los matices vegetales del matcha.
Disuelve el matcha en un poco de agua tibia y, a continuación, viértelo sobre unos cubitos de hielo. Añade leche vegetal para preparar un latte de matcha helado.
El matcha es sensible a la luz, al aire, al calor y a la humedad. Cierra bien el envase después de cada uso y guárdalo protegido de la luz y de las fuentes de calor. Un matcha bien conservado mantiene toda su frescura e intensidad durante varias semanas o incluso meses, dependiendo del tipo de envase.
Para profundizar en el tema
Cómo conservar el matcha: las mejores prácticas
El matcha es mucho más que una moda de bienestar. Es una bebida arraigada en más de 800 años de historia y cultura japonesas, que hoy en día se consume tanto en ceremonias tradicionales como en cafeterías de todo el mundo, ya sea en forma de latte, matcha helado o preparado puro.
Detrás de cada taza se esconden beneficios concretos y documentados: una energía suave sin picos de nerviosismo, una concentración excepcional de antioxidantes y efectos reconocidos sobre la claridad mental, beneficios que obtendrás independientemente de cómo lo consumas.
Por último, tal y como señala Borsato (2024), el chanoyu, la ceremonia japonesa del té, convierte cada gesto relacionado con el matcha en un ritual consciente, que combina la tradición ancestral con la filosofía zen.
Por eso, comprender de dónde procede, cómo se cultiva y se procesa, y qué distingue a un auténtico matcha de un simple polvo verde: eso es lo que marca la diferencia a la hora de disfrutarlo plenamente, taza tras taza.
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Preguntas frecuentes
No. Una taza de matcha contiene entre 30 y 70 mg de cafeína, frente a los 80-120 mg de un café. Pero el efecto es diferente: la L-teanina modera la estimulación de la cafeína, haciéndola más suave y duradera.
Un amargor excesivo suele ser señal de una cosecha tardía, de una calidad inferior o de que el agua estaba demasiado caliente durante la preparación.
El matcha de ceremonia procede de la primera cosecha y está pensado para tomarlo como bebida. El matcha culinario, procedente de cosechas posteriores, es más amargo y más intenso, por lo que resulta ideal para la repostería, donde intervienen otros sabores.
De 1 a 2 tazas al día es una cantidad razonable para la mayoría de los adultos.
Sí, pero no tiene mucho sentido desde el punto de vista económico: la sutileza de un matcha de primera calidad es difícil de apreciar una vez mezclado con otros ingredientes. Resérvalo para degustarlo puro y opta por un matcha culinario.
Fuentes:
Borsato, M. (2024). «Kaiseki, matcha, wagashi: el gusto en la ceremonia japonesa del té». Aesthetica Preprint, 126, 21-33.
Kochman, J., Jakubczyk, K., Antoniewicz, J., Mruk, H. y Janda, K. (2020). Beneficios para la salud y composición química del té verde matcha: una revisión. Molecules, 26(1), 85.
Rovaldi, E., Di Donato, V., Paolino, G., Bruno, M., Medei, A., Nisticò, S. P., Pellacani, G., Kiss, N., Azzella, G., Banvolgyi, A. y Cantisani, C. (2025). Galato de epigalocatequina (EGCG): una molécula esencial para la salud y el bienestar humanos. International Journal of Molecular Sciences, 26(18), 9253.
Sokary, S., Al-Asmakh, M., Zakaria, Z. y Bawadi, H. (2022). «El potencial terapéutico del té matcha: una revisión crítica de los estudios en humanos y animales». Current Research in Food Science, 6, 100285.
Toniolo, C., Patriarca, A., De Vita, D., Santi, L. y Sciubba, F. (2025). «Un enfoque comparativo y multianalítico para la caracterización de diferentes calidades de té matcha (Camellia sinensis (L.) Kuntze)». Plants, 14(11), 1631.
Zheng, X., Zhang, X., Gao, H., Huang, L., Ye, J., Ye, J., Lu, J., Ma, S. y Liang, Y. (2024). «Las catequinas del té verde y la salud de la piel». Antioxidants, 13(12), 1506.